Sombra

"Ya estás de bajón otra vez", me dices por WhatsApp. Y sigue una retahíla del falso positivismo de siempre que me niego a leer. Dejo el teléfono en silencio a un lado. Sigo colocando la leña en su sitio. No quiero contestar porque no quiero decir nada que no diría de no estar enfadado. Es…

Anuncios

Inflorescencia, de Miriam Beizana Vigo

No es sencillo leer a alguien a quién aprecias, más todavía si te ofrece hacer de beta y leer el borrador de lo que será la novela, como hizo Miriam. Temía tener que decirle algo malo de su obra, que no convencía, que no llenaba. Sabía que sería bueno y cuidado, como todo lo que…

Que hable ahora o …

Ismael se removía inquieto en su traje de marca y sus incómodos zapatos. Su futuro suegro le había regalado unos gemelos dorados, con los que no paraba de juguetear. Parecía querer cerciorarse de que no se le habían caído de los puños de la camisa. Respiró por la boca un par de veces, hasta el…

Esa mirada

La miras con cierto desasosiego, cierto miedo e incierta esperanza. Esa estrambótica imagen reflejada. Al principio no crees que sea verdad, que te esté pasando a ti.  Dicen que los años no perdonan, que nuestras decisiones, las sendas que elegimos, nos van moldeando. Dicen muchas mentiras nuevas los viejos refranes. Porque tú no recuerdas haber…

Otra noche de amor

Ana corría. Resbalaba en la noche, en las calles vacías, mojadas y gélidas de aquel final de invierno. Se aferraba al teléfono y corría. Cuando llegó al piso no llamó al timbre, no esperó al ascensor. Se encontró el portal abierto y siguió corriendo escaleras arriba. Un piso, dos pisos, tres pisos. Y en el…

Dolía

El dolor no afloraba, no se le escapaba por los ojos, no la hacía llorar de rabia ni se le notaba en la mirada. No era físico ni químico, tal vez solo era mental; pero dolía ¡Vaya si dolía! Ella no decía nada. Se levantaba de la cama arrastrando el cansancio y el sufrimiento, que…

Aquel viaje en coche

​Creo que ya no recuerdas aquel viaje en coche. No íbamos muy lejos. Tú conducías y yo me encogía en el asiento del copiloto. Sin previo aviso, rompiste a llorar, como tantas otras veces. Al principio no hice nada, no dije nada. No sabía que decir, nunca fui hombre de muchas palabras. Tan solo alargué…