Freddy decía: «The show most go on».
Love of Lesbian: «Ya no hay ganas de seguir el show, ni de continuar fingiendo».

A veces trato de vivir como si todo fuese un teatro de color y no es más que una fotocopia en blanco y negro. Y entonces me desinflo y me enciendo. Sin buscar, me encuentro. Todo lo perdido, lo soñado, lo ido… Se rehace en unos brazos abiertos, en unas manos que sostienen sin aplaudir.

No es necesario el halago, solo deshacer el bostezo.

Aquí, en este escenario de vida, me queda el guión pequeño. Porque la función sigue y, mientras me muero de miedo, improviso y disimulo. No hay nadie apuntando, nadie a las luces, nadie entre bambalinas, nadie en el palco… Estamos la vida y yo haciendo teatro.

Y busco en los libros, en las complejas palabras de otros, sentido para mis días y mis palabras sencillas. Pero me come el eco de los verbos, su oxígeno me oxida. Y ya no hay brazos abiertos, ya no hay puesta en escena. ¿Y si llega la hora de los aplausos? ¿Y se hacen los silencios?

Estos últimos meses he estado a punto muchas veces de cerrar este rincón. Y también mis perfiles en redes. La pregunta que te haces más veces cuando no te encuentras bien no es por qué ni hasta cuándo, es para qué. Para qué esté espectáculo triste que nadie ve. En algunos de mis perfiles aún está puesto eso de «trabaja en el borrador de su primera novela». Ya no es así, pero no supe enfrentarme al «y ahora qué». Hace mucho tiempo que no espero vítores ni aplausos, tampoco silbidos o abucheos. Somos demasiados trovadores en una corte sin reina. Ahora al fin entiendo que mi búsqueda es el sentido. Tal vez sea hora de escribir otra función o más bien de otra manera. La puesta en escena no es más que un eterno ensayo. Al fin veo en mis propias palabras que, mientras escribo, seguimos la vida y yo haciendo teatro.

Fotografía: Thanks to @RobLaughter for making this photo available freely on @unsplash 🎁 https://unsplash.com/photos/WW1jsInXgwM