Hace años una persona que conocía tuvo una de esas agonías lentas, consecuencia de la enfermedad y la edad. Cuando yo era niña tuve bastante relación con ella, vivía cerca y siempre me pareció una persona fuerte y con una filosofía práctica, como la que suelen tener los ancianos que han vivido toda su vida en el campo y de la tierra.

Yo no viví esos momentos, pero otra mujer mayor que iba casi a diario a visitarla me contó que una noche se despidió con un “Ata mañán”, algo muy típico aquí, y se sorprendió porque la enferma contestó “Non hai mañan”. Falleció esa misma noche. Parecía saberlo o estarlo esperando.

Desde hace un tiempo, siento a la muerte cerca como se siente el frío en los huesos. Eso no es malo, la muerte es en realidad un regalo. Es lo que renueva la vida. Todos morimos y, aunque sea normal un duelo, no hay que hacer un drama de algo que es lo natural. Tal vez lo único que me pasa es que el estado depresivo leve en el que llevo anclada un tiempo se ha agravado. Pero hay un asunto del que me gustaría hablar porque tal vez no sea aún mi hora, tal vez la parca que siento rondar por ahí no venga por mí aún, pero un día dejará de haber mañana para mí también y creo que no voy a saberlo antes de que suceda. No creo que me mande una señal para que me de prisa en escribir lo que quiero decir.

Así que ha llegado la hora de ser un poco valiente. De compartir ese poquito que he aprendido de la vida y de los libros, que no son más que otras vidas. Hablaba mi escritora viva favorita no hace mucho de La visibilidad de las enfermedades mentales. Yo no tengo su magia con las letras, ni su inteligencia o sensibilidad para tratar de modo acertado un tema que puede ser difícil, resultar polémico o doloroso; pero voy a hablar un poco de lo mismo: de la enfermedad mental. Para mí no es polémico, ni morboso o escandaloso sino que es el día a día. Porque yo soy una persona con una enfermad mental.

Me diagnosticaron hace unos diez años y desde entonces unas pautas y unas pastillas me hacen la vida más sencilla o, más bien, me hacen a mí menos complicado gestionar la montaña rusa que es mi estado de ánimo. Pero yo tenía sintomas desde antes, por lo menos desde los once años. El diagnóstico fue, en parte, un alivio porque hacía mucho tiempo que ya sabía que mi cabeza no iba bien. Tenía temporadas malas, horribles y otras buenas e incluso maravillosas. Muchas veces era incapaz de gestionar mis emociones, aunque ponía mucho cuidado en ocultarlas, en que no notasen que estaba fatal. Dicen los manuales que solemos ser reacios a pedir ayuda, en mi caso desde luego es así.

Digo que en parte fue un alivio, pero hay otra parte de ponerle nombre a lo que me pasa que es una losa. La enfermedad sigue siendo un tabú, un estigma, una maldición… Algo de lo que no se debe hablar. Algo que hay que ocultar. Me costó mucho librarme de esa losa y si lo hice fue porque todo ello implica darle importancia a lo que los demás piensen o digan de una. Y eso ya no tiene ninguna relevancia para mí. Ya he perdido toda oportunidad de ser considerada exitosa en la sociedad. No es algo que me preocupe. Pero la enfermedad es un problema más a la hora de relacionarse, buscar trabajo o tratar de vivir con normalidad, no voy a negarlo.

Lo que es importante sobre la enfermedad mental es que puede sobrellevarse y puedes vivir bien con ella muchos años. No vas a ser necesariamente una desgraciada siempre. Hay períodos de depresión fuerte, muy fuerte incluso, pero todo pasa. Para llevarlo mejor es importante no dejar el tratamiento, seguir la pauta que te dan y conocerse bien a una misma. También tener e ir construyendo esa filosofía de vida tan buena de la que os hablaba de pasada al principio.

Yo, por ejemplo, sé que tengo que seguir mi rutina de pastillas, de sueño y ejercicio por muy mal que me sienta. Estar todo el día en la cama no va a ayudarme, eso solo es rendirse. Cuando me siento peor bajo un poco el tiempo de descanso y aumento la actividad. Cuando me noto demasiado arriba y con muchas ganas de hacer cosas, bajo el ritmo y descanso más. Esto parece muy sencillo, pero llevarlo a la práctica no lo es. Supone llevarle la contraria al cuerpo. Consume mucha paciencia y fuerza de voluntad en unos momentos en los que estas facultades están mermadas. Sin embargo, sin ser fácil tampoco es imposible. Se puede, os lo puedo jurar.

Visiblizar la enfermedad mental en una sociedad como la actual, con una tasa de muerte por suicidio altísima, me parece más importante que nunca. Nuestra generación no tuvo una guerra, pero la depresión es nuestra batalla. Y cuando luchas contigo misma puedes hacer mucho daño. A ti y a los demás.

Si has llegado hasta aquí, eres escritora y quieres tratar el tema de la enfermedad mental de modo honesto en tu obra, me ofrezco de lectora beta y a ayudar en lo que pueda. Cada vez que leo un libro con una de estas enfermedades reflejada de modo erroneo y sin ningún cuidado me dan ganas de coger al autor y arrearle con el tomo en la cabeza hasta que aprenda. Creo que es más humano ofrecer mi humilde ayuda pues, aunque lo que deberíais hacer es tratar de conseguir una opinión de un profesional, entiendo que es complicado. Si yo escribo sobre la hipertensión,trataré de informarme antes. Pues con la depresión, la anorexia o la esquizofrenia igual, que el buscador de internet no os va a morder y las personas a quiénes preguntéis seguramente tampoco. Os recuerdo que hay asociaciones de pacientes que os pueden dar una visión y una información muy valiosa.

Sin duda, lo más importante en mi opinión es la filosofía de vida. La enfermedad puede ser una gran maestra en el arte de las cosas importantes de la vida. Y al final a todos nos toca de cerca, todos enfermamos y conocenos personas que viven con diversas dolencias. Y morimos, todas absolutamente todas las personas somos iguales en eso. La vida enseña muchas veces de forma directa, otras a través de los libros más que de las vivencias. Eres tú misma quién debe estudiar sus enseñanzas. Y sobre todo aplicarlas mientras aún exista el ahora, mientras no nos ahoguemos sin mañana.

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