En las noches de sábado aún acudo a esa cita. En el sofá de una casa que ya no es mía a las diez y diez, hora maldita. Tu recuerdo me espera despierto, vestido y sin prisa. Ya no hay cena hecha, ni resuenan las noticias del televisor.

Me mira con culpa en los ojos, con azar en la voz y miedos entre los dedos. Ya no sostiene el cigarrillo. Ya no sostiene nuestros sueños.

Nos fuimos volviendo extrañas, seres raros que un día se conocieron. Qué aún comparten los espacios de las amantes que fueron.

Esos espacios me miran, vacíos de lo que vivieron. Esperan respuesta de mis labios. Esperan puñalada o consuelo.

Y yo entierro la memoria, le hago un funeral, canto un himno en el que ya no creo y vuelvo a echar a andar. Salgo de la casa, atravieso la bruma del portal y veo que ya no hay suelo donde pisar. Porque sólo quiero empezar a olvidarte. Y para eso tengo que volverme recuerdo.

Imagen libre de derechos (Pixabay.com)

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