Mis pensamientos giran casi todo el día en torno a ella, más que centrarse en lo que sucedió. Se llama Sara y es hermosa. O lo era. De joven, fue muy guapa y siempre era dulce y sencilla. Recuerdo su pelo negro y lacio entre mis dedos. Su piel blanca y fina nunca se tostaba al sol, sino que en los meses de verano tomaba un tono un poco más dorado. Tiene los ojos negros y profundos, de esos en los que te encuentras en vez de perderte. Era todo eso que los cantautores dicen de las chicas en las canciones. Tiene un corazón enorme, tal vez por eso se apiadó de mí y me acogió entre su latir. Yo nunca he sido guapa, ni dulce y mi complejidad va más allá de toda duda. Aunque esto último no siempre fue así.

Cuando nos instalamos apenas teníamos un duro. Ni siquiera pintamos las paredes de aquel apartamento destartalado. Siempre decíamos que más adelante, un futuro que nunca llegó. A los pocos meses colgamos unos cuadros, regalo de un amigo común, que fue quién nos había presentado varios años atrás. Al año renovamos los electrodomésticos básicos, la lavadora y la nevera. No teníamos tiempo, dinero ni ganas para nada más. Como si supiésemos que aquello no duraría.

Sin embargo, teníamos un gato y un perro que se llevaban bien, me atrevería a decir que hasta se querían. Eran un poco el reflejo de nosotras dos. El gato se llamaba Aitor, como el abuelo de Sara. Era gris y gordo, lo que no le impedía escaparse detrás de las gatas cada noche; pero siempre volvía. Yo era como ese gato. Al perro lo bautizamos como Andreu y era el bicho más inquieto y juguetón que te pudieses imaginar. También el más sentido y fiel animal que tuve. Su carácter era el reflejo de Sara, a la que adoraba incluso más de lo que ella le adoraba a él.

No recuerdo cuantos años vivimos así. Pensábamos mudarnos a una casita con jardín algún día. Los algún día esos que no se cumplen nunca. El único algún día que siempre llega es en el que te mueres. El resto son delirios de la mente. De mi mente, que está confusa, no sé exactamente por qué. Tal vez por los dos tranquilizantes que me meto cada día, en el desayuno y en la cena. Tal vez sean los antipsicóticos del mediodía o que los recuerdos son algo demasiado doloroso. Algo a lo que me aferro aunque me queme las manos. Recuerdo, en cambio, que era feliz en aquel piso con Sara, pero no por completo. Nunca apreciamos la felicidad que está entre nuestros brazos, solo la vislumbramos a lo lejos cuando ya se ha ido. Ese sí que es un algún día que llega, el de la desesperanza.

Sara trabajaba en casa. Era ingeniera informática y tenía un montón de cachivaches electrónicos. Su pasión eran los ordenadores, las tabletas, los teléfonos y el diseño. Y, tras mucho pelear, había conseguido vivir de ello. Los últimos años, incluso, ganaba bastante dinero. Yo no entendí nunca lo que ella hacía. Ella tampoco comprendía mi desmedida pasión por mi trabajo. Al principio discutíamos mucho por ello, luego optamos por no hablar de lo que hacíamos en nuestras horas laborales y compartir con más agrado el tiempo juntas.

La recuerdo tecleando incansable en un teclado bluetooth y atendiendo dos pantallas a la vez. Veía las líneas de código de colores, que ella escribía sin sacarse sus gafas de pasta gris, y no entendía absolutamente nada. El resultado final solía ser un programa, una app o incluso un nuevo aparato muy intuitivo y sencillo, tanto que hasta yo lo podría manejar. De hecho, solía probar conmigo cada uno de sus nuevos inventos.

Dicen que el primer amor es el único verdadero. Ella no fue el primero, pero fue el auténtico. El único que supe construir. Cuando todo se tuerce es cuando ves de verdad a la persona que tienes a tu lado. Durante aquella tenebrosa temporada, cuando dudaba hasta de mí misma, supe en verdad lo afortunada que era. A Sara le di cuanto se puede dar, pero recibí de ella mucho más.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.

Anuncios

2 comentarios en “Capítulo 2 de “Calle Real, nº36”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.