Hay una máxima que dice “escribe sobre lo que sepas”. No me creo mucho esos consejos, si todos los siguiésemos no podríamos hablar de magos, extraterrestres o robots. No habría fantasía ni ciencia ficción. Me atrevería incluso a decir que no habría narrativa de ficción en absoluto. Escribir muchas veces es ahondar en lo desconocido. Es buscar el conocimiento. Y también conocerse y profundizar en una misma.

Si tuviese que elegir un tema del que supiese para escribir sobre él, escogería sin duda la tristeza. Porque la vivo día tras día, escondida tras una sonrisa que no es más que una trinchera.  La gente no suele ver que muchas veces esa sonrisa es un rictus nervioso, de no saber que hacer ni que decir, más que un gesto de alegría.

La tristeza es algo que todos conocemos, pues la gran mayoría la sufrimos a menudo. Es el gran mal, en realidad, de nuestros días, más que la propia depresión. Es el sentir del hombre o mujer del milenio ante sí mismo. Puede afectar a todos. ¿Qué puedo, entonces,  aportar yo al tema de la tristeza? Tal vez poco o tal vez nada.

La tristeza es diferente de la depresión, como la lluvia y el viento no son, por si solos, ciclogénesis. Podría decir que es también diferente de la neura, de la obsesión, de la pena,… Aunque tiene mucho en común con ellas. La tristeza también la creamos con nuestra mente, al igual que la neura. La tristeza duele sin ser dolor. No mata, pero te conduce a la muerte sin remedio.  Si algo tiene es que te puede ayudar a ser más sabia. A ahondar en ese gran misterio que sigue siendo la mente.

Y podría deciros que dejéis de luchar contra ella. La lucha le da fuerzas, el trabajo la debilita. Si estáis tristes, trabajad un rato en vosotros mismos, pero sin pelear. No os atrincheréis como yo en un gesto que muchos malinterpretarán. No os lancéis a una batalla en la que solo podéis perecer.

Lo más importante que he aprendido es que no se puede estar siempre alegre ni siempre triste, pero se pueden vivir estas emociones con serenidad. A veces, mantenerse serena es todo un logro. Sobre todo en esta sociedad neurótica y artificial en que vivimos.

Y es en la serenidad donde está en verdad la fuerza. Es su  flaqueza. Y puede ser su némesis. Si quieres vencer a la tristeza,  deja por un momento que te venza. Y luego permanece en la serenidad . Me estoy dando cuenta de que solo así soy capaz de estar aquí sentada, como ahora, y poner una letra tras otra, una a una, hasta crear historias. O simplemente contaros algo, que viene a ser lo mismo.

No quiero escribir sobre la tristeza. No solo sobre ella, al menos. Así que tendré que inventarme otros temas, otros personajes y otras vidas. Y vivir a través de ellos, de mis propias letras, como vivo a través de las letras de otros. A veces creo que es mi único camino.

 

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3 comentarios en “Las letras de la serenidad

  1. Escribir ficción para hablar de “nuestras verdades” es algo catártico y, además, hermoso. Tengo algunas notas escritas sobre esto y me gustaría convertirlo en un breve texto reflexivo, tu post me ha ayudado a ordenar mis ideas.

    Me gusta cómo te expresas, también cómo eres. Creo que tienes una luz importante dentro, aunque a veces no quieras dejarla salir. Escribir esto es valiente, y me alegra que lo hayas hecho. Sigue así. Aunque, a veces, tengas que estar triste.

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    1. Mil gracias, amiga. Por tus palabras, pero sobre todo por tomarte la molestia de leerme. Significa mucho para mí.
      Respecto a lo de estar triste, creo que ahora soy capaz de estar bien con la tristeza, que la he aceptado como parte de mí. No sé si se refleja en esta entrada, pero así es. Tal vez sí deba escribir algo más sobre ella, quién sabe.
      Escribir de esa manera no es sencillo, para mí al menos. Y suele doler. Por ello, entre entre otros motivos, no siempre lo dejo salir. Tú escribes así siempre, con tu particular estilo, pero como una catarsis. Da la impresión de que te nace dentro y simplemente lo liberas. Hay veces que es “ficción”, otras la ficción tiene más verdad que la propia vida.
      Estaré atenta a esa entrada, aunque ya sabes que me gusta seguirte siempre. Eres una gran fuente de sabiduría y de inspiración.
      Un abrazo bien fuerte.

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