Hace unos meses fui al cine a ver una conocida película española. Poco después leí una crítica de la misma donde se afirmaba que era poco creíble por sus personajes planos. Decía concretamente que los buenos eran complemetamente buenos y los malos demasiado malos. Estoy de acuerdo en que  es así, pero es algo que me ha llevado a reflexionar. 

La mayoría de nosotros tenemos parte mala y parte buena. Sin embargo, en la vida real hay gente malvada. Puede que disimulen, que parezcan normales; pero no lo son. Hay mucha gente malvada y que pisaría a quién fuera si eso le beneficia, por venganza, etc. Los malos malísimos existen en la vida real. 

Se han hecho estudios en los que se demuestra que mucha  gente cometería asesinatos, violaciones u otros actos detestables si tuviera la oportunidad de hacerlo sin ser descubierto. A mucha gente le sorprende, a mí ya no. Es algo que estoy empezando a entender, que hay gente que es malvada. Cuando alguien comete estos delitos se suele buscar un culpable, una enfermedad mental o algún trauma; pero no suele ser así. Hay gente que es mala y no hay más vueltas que darle. 

 Afortunadamente, también hay personas que parecen no tener un gramo de maldad, que la repudian, que pierden incluso oportunidades por no perjudicar a otros. El héroe de hoy no es tan infrecuente como parece.

Si bien, creo que estos casos son los menos, la gran mayoría de nosotros no somos ni malvados ni completamente buenos. Por ello, si pretendemos hacer una ficción realista, podemos incluir malos malísimos o buenos buenísimos. Sin embargo, si todos los personajes son así, es muy poco realista. 

En la ficción,como en la realidad, nos suele mover la empatía.Es más sencillo para algunas personas empatizar con los personajes si se ven reflejados en algún rasgo concreto  de ellos mismos que tambien esté presente en las caracterización de ese personaje. Otros empatizamos con mucha facilidad, incluso con personajes en que no nos vemos reflejados. 

Tengo visto que esos rasgos comunes con los personajes suelen ser emocionales. No se trata de tener el mismo color de piel, o el mismo sexo o religión; sino más bien el haber sufrido de la misma manera o haber cometido los mismos errores. De esta manera, un personaje demasiado perfecto nos resulta poco convincente. Si no se equivoca nunca, si todo lo lleva siempre bien nos puede resultar hasta antipático. 
La figura del malo malísimo es todo lo contrario. No está pensando para empatizar con él,aunque a veces puede pasar, sino que solemos odiarle. Por ello, un malo con defectos y alguna virtud nos puede servir mejor como antagonista.Un malo que nos remueva un poco la conciencia como lectores, pues vemos rasgos propios en él, puede ser más efectivo.

Al final, para mí, lo mejor es trabajar bien los caracteres de los personajes, tratar de que sean imperfectos en uno u otro sentido. Los personajes planos no suelen marcarme. Un malo muy malo o un bueno muy bueno tienen un pase, pero no me suelen gustar las historias con solo héroes y villanos. 

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2 comentarios en “Héroes y villanos

  1. Estoy contigo en eso y sobre todo en el tema de la verosimilitud que dichas características pueden aportarle a la ficción. Es decir, todos tenemos nuestra parte de luz y nuestra parte de oscuridad; eso es innegable, pero saber transmitir esto al papel y crear así personajes más reales es complicado y requiere un gran trabajo detrás. Un saludo, compañera. Buen post.

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